sábado, 10 de agosto de 2013

Disfruta: todo tiene un fin.

Pasan los años, pasan los meses, pasan los días. Todo es efímero, pasajero, fugaz. Lo bueno, y lo malo; lo divertido y lo aburrido; lo intenso y lo apagado; lo gozoso y lo doloroso.

¿Qué nos queda, si lo bueno tiene fin? ¿Qué hacer cuando lo divertido se termina? ¿Y cuando los momentos intensos de nuestra vida dan paso a la monotonía?

La respuesta es fácil, llevarla a cabo no. Aprendamos a disfrutar de las cosas “malas”, “aburridas” e incluso, de las “dolorosas”.

Las primeras, asociadas al fracaso, nos harán aprender una lección.

Las segundas, afrontadas con energía y actitud optimista, nos harán descubrir cosas increíbles que no esperábamos, donde no las esperábamos y cuando no las esperábamos.

Las últimas, nos harán llegar el mensaje de que no somos invencibles, intocables, invulnerables. Y ello nos llevará a apreciar más los momentos de bienestar, de alegría y de jolgorio.

Personalmente, veo claras las dos posibles vías a seguir:
  1. Ser feliz cuando vienen mal dadas, pues todo lo que me desagrada, inquieta o parte mi corazón, tiene fin.
  2. Ser feliz cuando la vida me sonríe, pues lo que disfruto, los buenos ratos y las alegrías de mi corazón, también se van a terminar y tengo que aprovecharlas al máximo.
¡¡NO PIERDAS EL TIEMPO Y SÉ FELIZ!!

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